domingo, 3 de enero de 2016

Nos hemos equivocado. ¡Por completo!

En España nos hemos equivocado. De cabo a rabo. Los políticos y los ciudadanos. ¿Mucho? ¡Por completo! Y se lo voy a intentar explicar.

Desde hace tres o cuatro años soy el presidente de mi comunidad de vecinos. Nunca me ha gustado presumir. Pero me congratulo con mis convecinos de haber rebajado las cuotas mensuales en estos años, además de haber mejorado una serie de servicios, como la administración de la comunidad, los servicios de calefacción y algunos más.

No es mucha la rebaja. Yo pagaba 210 euros al mes y ahora 195. Pero en tres años no han subido, sino bajado. La administradora es muy buena gestora, y ha apretado a algunos proveedores, ha racionalizado el gasto y ha ido en sintonía con lo que queríamos los vecinos.

En España, al contrario, la política, la gestión, se ha movido por ciertos clichés, de izquierdas o de derechas, que no han beneficiado a los ciudadanos. Más bien han generado división, bronca, rencillas.

En cierto modo es entendible. Después de 40 años de dictadura, había ganas de revancha. No solo de libertad, de democracia. También de revancha, de remover la Guerra Civil, de volver a dividir España entre vencedores y vencidos, entre rojos y azules, entre derecha e izquierda.

Y no. No. Eso no es la política. La política tiene más que ver con la gestión del día a día de una comunidad de vecinos. Los españoles somos eso: vecinos de una misma tierra, nuestra patria. Se trata de ponerse de acuerdo para mejorar la calidad de vida de los vecinos, de los españoles.

Sé que hay cuestiones espinosas, mucho más complicadas que las que se viven en el día a día de una comunidad de vecinos: el aborto, el déficit, la cuestión territorial, la educación y un largo etcétera. Pero el ejemplo debe servir para dar otro enfoque a la política, mucho más profesional.

Profesional y humano a la vez. Preocupándonos por el día a día de nuestros vecinos, por su bienestar, por su progreso. Hemos demostrado en muchas ocasiones que somos capaces. Con el Pacto de Toledo, con el Pacto Antiyihadista y un largo etcétera. Los ejemplos desde aquel gran acuerdo de 1978 son innumerables.

Por ello, 2016 ha de suponer un antes y un después en la política española. Y el 20-D ha sido el pistoletazo de salida. Si en 1978 demostramos nuestra altura de miras, es buen momento para volver a demostrar la grandeza de España y de los españoles, capaces de grandes hazañas a lo largo de la historia. Y esta, sin duda, puede ser una más. Una hazaña de la vida democrática, que podrá ser escrita en los libros de Historia con letras mayúsculas.

miércoles, 21 de octubre de 2015

Cortina de humo en Cataluña

¿Se acuerdan ustedes de la película "Cortina de humo"? A mí me pareció magistral. Dustin Hoffman interpreta a un productor de cine al que le encargan inventarse una historia para tapar un escándalo del presidente de los Estados Unidos. Al final, le sale una obra magistral, aunque no es bien pagado por ello. Ya se sabe que Roma no paga a traidores...

Los que nos dedicamos a la comunicación sabemos que no hay nada como crear una cortina de humo para desviar la atención. En EEUU hasta crean guerras si hace falta. Pero lo importante ante una crisis de comunicación es salir al paso y no quedarse parados. Ahora que se critica tanto a Pablo Iglesias, saca de nuevo lo de la renta básica de 600 euros... En fin, cosas veredes.

Pero la cortina de humo que más está durando es la de Cataluña. Los partidarios de la independencia llevan años con el lema de "España nos roba". ¿Qué supone esto? Que como nos roban, debemos irnos para que dejen de robarnos. Como nos roban, no podemos hacer bien nuestra labor política. Y no tenemos medios suficientes, no tenemos posibilidades, no salimos de la crisis con fuerza... Y así un largo etcétera de excusas.

Para mi humilde entender, todo esto no es más que una cortina de humo para tapar dos grandes agujeros: corrupción e ineptitud. La corrupción está cada vez más demostrada, con las detenciones que se han producido hoy mismo.

La ineptitud es palpable y el votante catalán ha ido otorgando cada vez menos confianza al binomio Junts pel Sí: los moderados se van a Ciudadanos y los radicales a la CUP. Las cifras son elocuentes. Y la tan manida balanza fiscal habla por sí sola. Los madrileños no se quejan, son los que más aportan y la gente anda contenta porque poco a poco se va saliendo de la crisis. Los catalanes, por el contrario, andan muy mosqueados y los más manipulados lo pagan con España, aunque la culpa se sabe muy bien de quién es.

Al final la verdad sale a la luz, tarde o temprano. Ya se va sabiendo que el que "Ens Roba" no es España, sino una panda de sinvergüenzas que se reparten comisiones desde hace muchos años. Que el dinero de Pujol no venía de ninguna herencia, sino de comisiones de, como mínimo, el 3% de todo lo que se movía del presupuesto público.

Las cortinas de humo tienen que ser orquestadas por profesionales. Con los aficionados, la caída será aún más dura. Y en Cataluña van a pasos de gigante hacia el abismo. Me apena por mis muchos amigos catalanes. Que Dios les ampare.

miércoles, 14 de octubre de 2015

El renovado papel del Senado

Sí, señoras y señores: el Senado puede volver a tener sentido. Ese que perdió hace siglos y que la Transición intentó remontar sin éxito.

Si hace unos días hablaba yo de la reforma de la Constitución, me centro ahora en exclusiva en la reforma de la Cámara Alta, ese 'cementerio de elefantes' en el que se ha convertido.

En ningún país del mundo se publican tantas páginas diarias de boletines oficiales como en España. Las Comunidades Autónomas son fuente inagotable de legislación, a veces hasta para las cosas más absurdas e insignificantes.

Pues vean qué fácil es la solución. Volvamos a un único Boletín Oficial del Estado. Toda la legislación que emane de las Autonomías debe pasar por el Senado, que se convertirá de manera efectiva en una cámara de representación territorial. Las leyes se aprueban por el Senado, o se adaptan por igual a todas las Comunidades Autónomas. Y con eso van al BOE y se publican para su entrada en vigor. Y si la adaptación necesaria es mayor, que pase por el Congreso antes.

Así, no habrá 17 licencias distintas de caza, como pasa en la actualidad. Ni habrá prohibiciones para las corridas de toros en algunas CCAA. Ni coberturas sanitarias distintas ni temarios educativos diferenciados. Todos los españoles somos iguales. Y todos tenemos una historia común que data de 1492. No nos pongamos ahora, después de 500 años, con reivindicaciones históricas que no conducen a ninguna parte.

Tenemos que volver a escribir una historia común, un futuro próspero. Y dejar un mejor país a las generaciones venideras. Si no, nos lo echarán en cara nuestros nietos.

Eso se consigue con una unidad de criterio, una unidad legislativa, una sola Ley, que permita avanzar y superar este guirigay autonómico en el que nos metimos en 1978 después de una fusión maravillosa que dio buenos resultados desde el reinado de Isabel y Fernando hasta el de Juan Carlos I.

jueves, 8 de octubre de 2015

¡Me acojo a la 5ª enmienda!

Cuántas veces hemos visto en películas norteamericanas la famosa frase de los juicios: "Me acojo a la 5ª enmienda". No me apetece buscar en Google de qué iba. Sé que obtendría 100 billones de resultados en 0,8 segundos. Pero no es eso a lo que iba.

A lo que voy, es a que los americanos han enmendado su Constitución en varias ocasiones, adaptándose a los nuevos tiempos. Los franceses, incluso, han derogado constituciones enteras y ya van por nosécuantas repúblicas. (Tampoco me apetece buscarlo en Google)

Ahora nos toca a nosotros, a los españoles. Llevo años anhelando una reforma profunda de la Constitución, que nos devuelva al Siglo XXI, que nos saque del anclaje del 78. Que nos libere de nuestros miedos y congojas y nos lleve a mirarnos a la cara unos a otros y después mirar juntos hacia el futuro.

Nunca había visto tan cerca la reforma constitucional como ahora. Porque casi todos los partidos la han mencionado. Y parece obvio que toca afrontarla. Estoy convencido de que si no se ha llevado a cabo en esta legislatura pasada ha sido -además de por el lento y cansino movimiento de Rajoy- por aquello de que "en tiempo de crisis no hacer mudanza".

Pero ya llega la hora de hacer una reforma profunda, de recuperar la aniquilada separación de poderes que Alfonso Guerra se encargó de secuestrar matando a Montesquieu. De reorganizar el Estado para eliminar duplicidades, de darle funciones al Senado, de centralizar algunas competencias que deben ser exclusivas del Estado para hacer iguales a todos los españoles. Y un largo etcétera.

Son, en fin, muchas cosas las que hay que cambiar. Y si mi olfato no me falla -el olfato de la inteligencia, que del otro no me fío- huelo que estamos cerca. Ojalá no me equivoque. Por el bien de España y de los españoles. Como si de una empresa se tratase, el Plan Estratégico del 78 está cumplido. Ahora vamos a por el de 2016, que será bueno, seguro. Excelente, créanme.

lunes, 5 de octubre de 2015

Beta sin vetos

Nace El Español, el nuevo diario de Pedro J. Ramírez. Y lo hace el día 7 de este mes en una versión beta que testaremos los accionistas y suscriptores.

Una versión beta, sí, que durará una semana, hasta el día 14, en el que se abrirá el diario al gran público. Durante una semana, el equipo de El Español se dedicará a recabar información de los navegantes y subsanar posibles puntos mejorables del nuevo diario.

Al margen de las cuestiones técnicas, la noticia es que nace un nuevo diario, y entra un soplo de aire fresco en el periodismo de nuestro país. Un soplo muy necesario, después del ambiente enrarecido que se respira en la profesión dentro de nuestras fronteras.

No es sólo una cuestión catalana. Ya sabemos que hasta el mismo Jordi Pujol se encargaba de redactar sus propias entrevistas. Es una cuestión de compra de voluntades.

En España, el periodismo está comprado. Nadie se atreve a tocar a sus respectivos intocables. Los de la derecha a los de derechas. Los de la izquierda a los de izquierdas. Los económicos a sus pagadores y los deportivos a sus clubes de referencia.

Hay vetos, sí. Está muy claro. Determinados comentarios están prohibidos en algunos medios, ya sea por cuestiones de sus propietarios, accionistas, anunciantes o 'apoyantes'.

Con el nacimiento de El Español, queremos un medio de comunicación sin vetos, aunque sea en versión beta. Donde se pueda hablar del rey y sus 'corinas', del presidente del Gobierno y sus 'bárcenas' o del presidente de un gran banco y sus 'corralas'.

No queremos ponernos de un lado ni de otro, sino conocer la verdad. Ésa, y no otra, es la misión del periodismo. Y eso es lo que esperamos de El Español.

@GonzaloNieder






viernes, 25 de septiembre de 2015

Catalunya, t´estimem molt

La verdad es que no sé si lo he escrito bien, pero espero que se haya entendido. Sí, quiero decir que amamos Cataluña. Aunque estoy cansado de oír a muchos amigos hablar de la "puta Cataluña" y, sobre todo, de los "putos catalanes".

Siempre he dicho que generalizar no es bueno. Y genera odios. Cuando ETA mataba, mucha gente insultaba a todos los vascos. Y tengo muy buenos amigos vascos. Y catalanes.

Y quiero decirles a los catalanes que no se vayan, que les queremos, que nos gustan las sardanas, igual que las sevillanas, y los caganers, la butifarra y los castellets, que siempre intentamos imitar en la piscina de mi urbanización. Y que los calçots son fabulosos, como la paella o la fabada.

Que les queremos porque hablamos un idioma común, porque nos gusta Ferrán Adriá, y Jordi Cruz en TVE. Y que tenemos muchos siglos de historia en común: Pi i Margall fue presidente del Gobierno, como Narcis Serra vicepresidente.

Y que juntos, como estamos ahora mismo, somos capaces de lo mejor. Y que todos unidos, con el resto de países de la UE, estamos haciendo un mercado común, una unión económica, monetaria, política y social.

Bueno, que les estimamos. Y creo que eso no se lo ha dicho mucha gente en los últimos años. Por la cortedad de miras de los gobernantes y los que les jalean. Y no queremos quedarnos sólo con el 50% de "no independentistas". Queremos quedarnos con Mas, Pujol y demás. A lo mejor tienen que redimirse y devolver lo robado, pero eso es harina de otro costal. Ahora lo que toca es estar "Junts pel sí": el sí a España, el sí a la UE, el sí a una historia común y a un proyecto común en el que queremos que estén. Porque les queremos.

miércoles, 8 de julio de 2015

Euro, esperanto... ¿les suena?

A finales del siglo XIX, un médico polaco se inventó el esperanto, un idioma artificial, mezcla de muchos idiomas, para que se usase como idioma internacional de entendimiento entre los pueblos de todo el mundo, oriente y occidente, no triunfó, e incluso fue perseguido tras la guerra civil española y en la II Guerra Mundial por los nazis, que veían mal su origen polaco. Su diversidad de orígenes seguro que chocaba con el paradigma de la raza aria de Hitler.

Traigo esta historia a cuenta de la crisis del euro a causa del posible "Grexit". El euro, que nació como moneda única para usarse en una Europa creciente, inició su andadura con la tara de que algunos países de la Unión, como el Reino Unido o Suecia, decidieron no unirse a ella. Ahora, tras varias crisis de deuda pública y llegando al impago -o default- se debate la salida de Grecia de la moneda única.

Con los años, uno ve que una moneda es parte fundamental de un país y de su economía. Un país no puede adoptar la moneda de otro así como así. Hace años, Argentina decidió equiparar su moneda , el peso, al dólar estadounidense. La salida de divisas hacia paraísos fiscales fue algo cotidiana. Por supuesto, en dólares. Años más tarde, vino el corralito y la gran crisis argentina, que me atrevería a decir que dura hasta nuestros días.

Si la economía europea, de la zona euro, no es un bloque homogéneo, al cabo del tiempo surgen fisuras. Un bloque en cuanto a política económica, en política industrial, en I+D, en política fiscal, etc. Si unos tienen ventajas fiscales para unas cosas, distintos tipos impositivos, pensiones distintas, subvenciones dispares... esto no pinta bien. Y al final la cuerda se rompe por el punto más débil.

Al final, de tanto tirar de la cuerda, ésta se puede romper del todo. El euro se puede salvar si se rescata a Grecia, pero si acto seguido se adoptan medidas para armonizar políticas fiscales, laborales, de pensiones, etc. Sin una política económica común, una moneda común no tiene sentido. Ni futuro. Esta crisis puede servir de empujón para lograr una verdadera Unión Europea.